¡quién!

¿qué?

 

¿qué cosa?
¿vas a pensar que el mundo es un lugar mejor?
¿te vas a sentir bien con vos mismo porque tu “buena acción del día” fue ayudar a un ciego a cruzar la calle?
¿vas a creer que sos sensible porque una película te hizo llorar?
¿pensás que sos buena hija o buen hijo porque de vez en cuando lavás los platos, hacés algún mandado o pagás las cuentas?
¿quién sos?
¿ya lo sabés?
¿no te moriste de miedo alguna vez, buscando?

 

¿qué cosa?

¿vas a creer estar enamorado o enamorada porque extrañás a la persona con la que te acostás cada tanto?

¿te vas a sorprender cuando te deje? ¿vas a llorar? ¿te va a doler?

¿y esto no te duele?

¿y los otros, te duelen?

¿quién sos?
¿ya lo sabés?
¿adivinaste?

¿no te moriste de miedo alguna vez, buscando?

Sueños I

Anoche soñé que subía una escalera. Y después otra. Y otra más. Y otra. No paraba nunca de subir. Y no me podía mirar las manos.
Siempre trato de mirarme las manos en los sueños. Si no llego a verlas, es porque efectivamente estoy soñando.
Después el sueño cambió. Me miraba subir escaleras desde afuera de mí. Yo subía. Y yo me miraba subir. Y las escaleras eran el dibujo famoso de Escher. Y yo era una hormiga, después.

Negrura.

De repente yo era yo de nuevo. Con mi cuerpo y mi cara. Estaba en una casa que se caía a pedazos. Entendí que era un prostíbulo. Y yo era una puta. Ahí estaba un amigo supuestamente heterosexual, de fiesta con hombres. Y estaba la nena desaparecida, Candela.

Negrura.

Me obligué a despertar. Me miré las manos y me desperté. Me olvidé un rato de la cara, las caras. Y tuve la certeza de que a la niña no la encontrarán jamás. Como ha pasado tantas y tantas veces antes.
Me da mucho miedo que así sea. Que no la hallen. Pero supe que así será.

Que hay tentáculos de maldad en este mundo que van más allá de muchas buenas intenciones.

Que somos muy pocos. Aunque seamos muchos.

Andanzas laborales I

Los días al pedo en el trabajo me hacen sentir para el culo. Tengo 6 horas (menos en realidad) para estar rascándome el higo. Cosa non grata, cuando en casa o en algún otro lado podría estar haciendo cosas productivas.

Y tampoco es que me voy a poner a ordenar la oficina. O pedir revistita de Avon a mis vecinas, porque es obvio que no les voy a comprar. Y que de limpiar sé poco y nada.

Me dedico a escribir esta flor de boludez acá, para pasar el tiempo vió?

Igual, no sé a quien le estoy mintiendo, es obvio que con este tiempo al pedo, en mi casa también me rascaría el higo.

He dicho.

En el medio.

Podría llamarte el amor de mi vida.

Y que genuinamente estés en tu derecho de no creer lo que digo.

Porque el amor de la vida no existe.

Y no estoy siendo una escéptica compulsiva ni tampoco negativa de esas pelotudeces que inventamos (y creemos). Es la pura verdad.

Uno puede creer, durante una temporada (quizás larga) de su vida que tal o cual es el amor de su vida. Eso sí. Pero de esa creencia a algo real hay años luz de distancia. Está el lenguaje en el medio.

 

Yo puedo decir espalda, por ejemplo.

Y pensar en la tuya.

Y quizás sea culpa de tu espalda que yo crea que sos el amor de mi vida. O al menos por un tiempo el amor de mi vida.

Puedo pensar en tu sexo. En la forma que se arquea tu columna cuando llegás ahí. En la forma que hacés arquear la mía cuando llego ahí, por ejemplo

 

Hoy escuché que hay dos cosas en la vida. El sexo hermoso, salvaje, juguetón y compartido. Y la muerte, la terrible muerte, la nada.

 

Creo que se le podría agregar que en el medio de ambos está el lenguaje. El vos y el yo, que en sí, no son nada. Pero juntos… Ay! Juntos. Bueno, pueden ser muchas cosas. Aquí el vos es ficticio, porque no existís, te estoy inventando. Y ahora quien lee piensa: ¿Y entonces quien es el que arquea la espalda? Eso es lenguaje. Que nadie pueda saber si esto que aquí escribo tiene algo de verdad, salvo mi antojo por escribir algo. Que sucede a menudo.

 

Una amiga me preguntó una vez, en joda, cuál era el sentido de la vida. Mi respuesta instantánea fue: coger. No me tomen a mal. No soy sexópata, ni ninfómana, ni nada de eso. Inclusive tengo menos sexo del que querría (no, gracias, no busco voluntarios).

Pero quizás, más allá de broma, sea un poco cierto que no hay mucho más. El sexo es básico, es instintual. Y está por fuera del lenguaje. Hay cosas que suceden allí, en ese acto, que no podemos nombrar. Como la muerte. No hay nada de la muerte que podamos nombrar, salvo esto que digo aquí mismo: la muerte, la nada. A eso quería llegar, después de este mamotreto de texto.

No he encontrado nada, hasta ahora, que esté por fuera del lenguaje, excepto el sexo y la muerte. Absolutos e infinitos ambos.

 

En fin.

El sexo, la muerte y la palabra.

Nada más.

 

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